rawmaterial: El regalo
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Aflojé su eterna bufanda de oro. Le mojé las sienes y le hice beber. Y no me atreví a preguntarle nada. Me miró gravemente y rodeó mi cuello con sus brazos. Sentía latir su corazón como el de un pájaro que muere, herido por una carabina. Y me dijo:
- Estoy contento de que hayas encontrado lo que faltaba a tu máquina. Vas a poder volver a tu casa…
- ¿Cómo lo sabes? Precisamente venía a anunciarte que, contra toda esperanza, había tenido éxito en mi trabajo.
No respondió nada a mi pregunta, pero agregó:
- Yo también, hoy vuelvo a mi casa…
Luego, melancólico:
- Es mucho más lejos… Es mucho más difícil…
Sentí que estaba ocurriendo algo extraordinario. Lo estreché en mis brazos como a un niño, y sin embargo, me pareció que se escurría verticalmente hacia un abismo sin que pudiera hacer nada por retenerlo…
Tenía la mirada seria, perdida muy lejos:
-Tengo tu corder. Y tengo la caja para el. Cordero. Y tengo el bozal…
Sonrió con melancolía.
Esperé largo rato. Sentía que volvía a entrar en calor poco a poco:
- Has tenido miedo, hombrecito.
Había tenido miedo, sin duda. Pero rió suavemente.
- Tendré mucho mas miedo esta noche…
De nuevo me sentí helado por la sensación de lo irreparable. Y comprendí que no soportaría la idea de no oír nunca más su risa. Era para mí, como una fuente en el desierto.
- Hombrecito… Quiero oírte reír otra vez…
Pero me dijo:
- Esta noche, hará un año. Mi estrella se encontrará exactamente sobre el lugar donde caí el año pasado…
- Hombrecito, ¿verdad que es un mal sueño esa historia de la serpiente, de la cita y de la estrella?…
Pero no contestó a mi pregunta, y dijo:
- No se ve lo que es importante…
- Seguramente…
- Es como con a flor. Si amas a una flor que se encuentra en una estrella, es agradable mirar el cielo por la noche. Todas las estrellas están florecidas.
- Seguramente.
- es como con el agua. La que me has dado a beber era como una música, por la roldana y por la cuerda… ¿Te acuerdas?… Era dulce.
- Seguramente.
- Por lq noche mirarás la estrellas. No te puedo mostrar dónde se encuentra la mía, porque mi casa es muy pequeña. Será mejor así. Mi estrella será para ti una de las estrellas… Todas serán tus amigas. Y luego te voy a hacer un regalo…
Volvió a reir.
- ¡Ah!, Hombrecito… hombrecito… ¡Me gusta oir tu risa!
- Precisamente, será mi regalo… Será como con el agua…
- ¿Qué quieres decir?
- Las gentes tienen estrellas que no son las mismas. Para unos, los que viajan, las estrellas son guías. Para otros, no son más que lucesitas. Para otros, que son sabios, son problemas. Para mi hombre de negocios, eran oro. Pero todas esas estrellas no hablan. Tú tendrás estrellas como nade las ha tenido.
- ¿Qué quieres decir?
- Cuando mires al cielo, por la noche, como yo habitaré en una de ellas, como yo reiré en una de ellas, será para ti como si rieran todas las estrellas. ¡Tú tendrás estrellas que saben reir!
Y volvió a reir.
- Y cuando te hayas consolado (siempre se encuentra consuelo) estarás contento de haberme conocido. Serás siempre mi amigo. Tendrás deseos de reir conmigo. Y abrirás a veces tu ventana, así… por placer… Y tus amigos se asombrarán al verte reir mirando el cielo. Entonces tu le dirás: ”Sí, las estrellas siempre me hacen reír”, y ellos te creerán loco. Te hablaré hecho una muy mala jugada…
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(Ahora sí). (El Principito tiene ‘ese’ efecto en mí).